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Informes arqueologicos
 

Alfonso Pedroso Marcos

 

¡Hablo incluso para los que no quieren oír lo que se les dice! Así comienza el último discurso de Manuel Azaña titulado “Paz, piedad y perdón” y que resume lo que tendría que haber sido la llamada reconciliación de todos los españoles. 

Esa frase es algo que hemos recogido desde la Memoria Histórica, hablar, ¿por qué no? Para todos, para quienes sufrieron el horror de una guerra fratricida protagonizada por los propios españoles y para quienes participaron en ella.

Una guerra que trajo desolación, amargura y silencio al término de ésta para una buena parte de la población. Las celebraciones y fastos de los sucesivos “Años de la Victoria” no trajeron la ansiada reconciliación, sino más bien, la dualidad de una sociedad, dividida durante décadas, entre vencidos y vencedores.

Porque debemos de saber que “Mientras vive el vencido, venciendo está el vencedor”. Es decir, muchas personas de generaciones pasadas y que viven en el presente, catalogadas como vencidos siguen viviendo con miedo y angustia. Miedo por hablar y contar, hechos que sucedieron en el pasado más presente de todos nosotros.

Y sobre todo angustia y amargura por no saber dónde están los restos de sus seres queridos. Aquellos, que la barbarie y la injusticia arrebataron delante de un paredón y que nunca más se supo de ellos.

Sufrimiento que han ido guardando durante tantos años, décadas, sobrepasando a generaciones y llegando a los nietos de aquellos, los cuáles, tenemos la necesidad de encontrar los restos, para enterrar nuestro duelo permanente.

El duelo, algo tan arraigado en la cultura mediterránea, se convierte en algo trágico para cientos de miles de familias que no saben dónde llevar un ramo de flores para recordar, que una vez esos huesos, fueron personas con nombres y apellidos.

Por todo ello, creemos que es necesario preservar la memoria de nuestro pasado histórico por muy doloroso y traumático que éste pueda ser, ya que por ello no deja de ser parte de nuestra historia.

Esta memoria del pasado histórico encuentra su máxima representación en la reconversión de la Antigua Cárcel Celular Provincial de Palencia en un centro Cívico-Cultural. Lugar cuyo período máximo de reclusión de internos fue durante y después de la Guerra Civil.

Por ello, en colaboración con ADECAC y diversas asociaciones vecinales, culturales, artísticas y de diversa finalidad tanto de la ciudad como de la provincia de Palencia, proponemos la puesta en marcha de un Centro de la Memoria Penitenciaria del siglo XX en Palencia.

Entendemos que con la ubicación del tal centro, éste no perdería sus señas de identidad y permitiría conocer mejor la vida de los reclusos y de sus familias durante los años que estuvo abierta la cárcel  (Hasta los años 80 del siglo XX).

Se cumplirían así dos objetivos fundamentales para la ciudad de Palencia, el primero como lugar de la memoria y el segundo poniendo en valor el propio Centro de la Memoria Penitenciaria  ya que se convertiría en un lugar de visita y de conocimiento del mundo penitenciario para los visitantes al mismo.

Hoy en día, todos tenemos el deber de cerrar la “deuda histórica” que todos los españoles tenemos hacia todas aquellas personas que por pensar de forma diferente a la norma establecida sufrieron represión, prisión y olvido.

Para recordar dicho olvido tan arraigado en nuestra sociedad en general y en la sociedad palentina en particular, invitamos a todos los palentinos y palentinas a acudir al acto que tendrá lugar el día 22 de junio en el parque de la Carcavilla.

Parque del que disfrutan nuestros hijos y nuestros mayores pero también osario sobre el que reposan los cuerpos de centenares de personas fusiladas con o sin juicio, sin causa previa.

La exhumación realizada por el grupo Aranzadi en el año 2010 en un sector del parque permitió la recuperación de más de un centenar de cuerpos de los casi 500 que fueron enterrados en tal lugar, usado como osario común de lo deleznable que puede llegar a ser una sociedad.

Tanto para los familiares como para toda la sociedad debe de representar un acto de recuperación de la dignidad de las personas y un acto de conocimiento histórico de unos hechos que jamás debieron de ocurrir, pero sucedieron.

Pensamos que como muy bien dijo el político argentino  Nicolás Avellaneda  “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Y por ello, quienes insisten en no recuperar la memoria de todas aquellas personas que siguen repartidas en osarios por toda la geografía peninsular, intentan enterrar un trozo de la Historia y olvidar la memoria que aún permanece en forma de recuerdos en numerosas personas que siguen albergando la esperanza de localizar los restos de sus seres queridos.

 

                                                                       Alfonso Pedroso

                                                                       Licenciado en Historia Contemporánea

                                                                       Miembro de la ARMH-Palencia

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