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Informes arqueologicos
 

Pablo García Colmenares

 

La ARMH de Palencia, con el Instituto Aranzadi y la Universidad Autónoma de Madrid, entregarán, a sus familiares, los restos las 112 víctimas de la Guerra Civil, exhumadas del antiguo cementerio de la ciudad de Palencia, donde fueron enterradas cerca de 500 represaliados durante la Guerra Civil

¿Qué pretende la ARMH de Palencia con este acto? En primer lugar, hacer un homenaje a las víctimas de la represión  franquista en la provincia de Palencia, pero a la vez, es un acto de reparación por tantos años de olvido institucional y, a la vez, de restitución a las familias de los restos de las víctimas y con ello, jirones de su memoria íntima, así como la memoria de la labor política, sindical o cultural que llevaron a cabo, en defensa de las libertades y la justicia social.

            Los historiadores debaten hoy sobre aquella violencia extrema de los sublevados con estos hombres y mujeres y la definen  como exterminio del enemigo político y de clase; genocidio con la generación reformista o revolucionaria o, como ha hecho recientemente Paul Preston: “El Holocausto español”, con unos grupos sociales que simbolizaban el cambio social y cultural de la II República española.

            Porque si no, ¿cómo puede llamarse a la eliminación de 1322 personas (1236 hombres y 86 mujeres)?;  de las cuales 867 fueron “paseadas” o asesinadas sin proceso judicial alguno; otras 348 fueron “fusiladas”, tras un juicio sumarísimo en el que no podían violarse más garantías procesales en menos tiempo, de ahí el término de “asesinato legal” y; otras 107 personas que fallecieron en las horrorosas prisiones, que acumulaban las tres “plagas”: hacinamiento, hambre y enfermedad. Y esta masacre sólo en una pequeña provincia como Palencia.

Y ¿cómo olvidarnos de los miles de detenidos o expedientados?  Y ¿qué decir de las depuraciones profesionales, sanciones, multas e incautaciones de bienes que pasaron a manos de los vencedores?. Y ¿cómo borrar las consecuencias de la marginación social y persecución política que llevó a la miseria y sometimiento de todos los familiares de los vencidos?, pues el fin de la guerra no supuso el fin de las persecuciones y fusilamientos. La única paz que trajo el Franquismo fue la de los cementerios y cunetas llenas de fosas comunes, con miles de “desaparecidos” que todavía hoy, bien entrado el siglo XXI, estamos exhumando.

A veces, algunos ignorantes acusan a los historiadores de partidistas por investigar las lagunas de nuestra historia, cuando esa es nuestra obligación, y se nos señala como tergiversadores del pasado, cuando la acumulación de pruebas documentales nos lleva por el camino de la explicación científica. La manipulación historiográfica sólo se produce cuando existe escasez interesada de pruebas, lo que deja espacio a la opinión personal, como hacen algunos indocumentados.  

            ¿Qué tenían en común las víctimas para ser asesinadas o detenidas por miles? ¿Qué grado de amenaza suponían para los sublevados, que ocuparon el poder desde las primeras horas? Esas y otras son las preguntas pertinentes que hoy debemos hacernos para entender las razones reales del golpe de estado de julio de 1936, cuyo fracaso desencadenó la mayor tragedia española, la Guerra Civil y su consecuencia: la dictadura del general Franco durante cerca de 40 años.

            Además, no se puede decir que la violenta represión estuviese basada en los enfrentamientos militares ya que en esta zona no hubo Guerra Civil, salvo cornisa cantábrica. Las autoridades entregaron el poder de inmediato, en la misma mañana del domingo 19 de julio de 1936. Pero esta región y Palencia, sí sufrieron todas sus consecuencias: los crímenes y asesinatos sobre unos hombres y mujeres indefensas, y detenciones injustificadas durante años.

            ¿Qué significaban y representaban estos hombres y mujeres para eliminarles?  Esta pregunta nos lleva a investigar el alcance de las reformas de la II República, que en la España actual nos parecerían poco relevantes, pero que en los años treinta del siglo XX suponían la renovación radical del estado español, para equipararle a la Europa Occidental. Como el cambio del modelo político, con la implantación de un sistema democrático frente al poder de la monarquía omnipresente y el fin del poder caciquil local.

            La II República implantó una batería de reformas sociales que potenciaron las organizaciones patronales y sindicales, con la creación de las Casas del Pueblo que desarrollaron, en lo posible, las reformas laborales que, por primera vez, sentaban en la misma mesa de negociación a los patronos y los obreros. Se acababa, así,  con el antiguo sistema de contratar a los temporeros como si fueran ganado en la plaza del pueblo. Una auténtica revolución social en el campo español. Los jornaleros tenían sindicatos y partidos políticos, y sus representantes lo pagarían con su vida. O las reformas de la enseñanza, extendiendo la calidad educativa de todos los rincones de España, trataban de mejorar las condiciones culturales de la sociedad española. Y los docentes sufrirían la violencia en sus propias carnes.

            Y ¿qué explicación podemos dar a las múltiples formas de violencia y vejaciones ejercidas sobre las mujeres? ¿Cómo explicar que sólo una de ellas fuera fusilada con juicio sumarísimo, algunas murieran en las inhóspitas cárceles y la mayoría fueran asesinadas con “nocturnidad y alevosía”? Es evidente que esas mujeres, algunas de ellas maestras, pero otras amas de casa, suponían una alteración del modelo tradicional de mujer sumisa que iban a imponer los sublevados.

            El objetivo de los golpistas era claro, cortar de raíz el germen democrático de la II República y sus reformas sociales. Pudieron haberlos detenido un tiempo y dejado rehacer sus vidas aunque fuera como vencidos. No hubo compasión ni proporción en la violencia desatada y las nuevas autoridades fueron las que incitaron y dirigieron el exterminio de los mejores. El país entero sufrió esa enorme pérdida, de la que todavía nos estamos recuperando.

Estos hombres y estas mujeres son, pues, nuestro referente en la democracia española actual, de ahí la justificación de este homenaje, el sábado día 22 de junio, que esperamos multitudinario, en nombre de la sociedad palentina.

 

 

                                                                                              Fdo.: Pablo García Colmenares    

                                                                                              Catedrático de Historia Contemporánea

                                                                                              Miembro de la ARHM- Palencia-  

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